¿Estamos preocupándonos del futuro de las carreteras en España?

Francisco Javier de Águeda Martín, Consultor Principal en Tairona Consultores

Publicado en El Blog de Fran (29 de noviembre de 2012). http://franagueda.blogspot.com.es/

 
En este convulso mundo que nos está tocando vivir, todos los días oímos o leemos lamentos sobre la situación económica, de la industria de la construcción, y en ocasiones de la industria de las carreteras. En contadas ocasiones los tertulianos, ensayistas o simples interlocutores con los que tenemos contacto, nos plantean propuestas para un mundo que, como ya definió en su día con frase memorable el antiguo Ministro de Fomento, José Blanco, «nunca volverá a ser como antes».
 
Cada día que pasa nos convencemos un poco más de que, efectivamente, el mundo de la construcción en general y el de las carreteras en particular ha cambado de forma radical. De la situación de antes (me resisto a calificarla de «antigua») queda solo, a trancas y barrancas, la conservación de carreteras. El resto del mercado ha «desaparecido», como acertadamente calificó un conocido alto dirigente de una constructora, actualmente trabajando en el extrajero para la misma empresa.
 
Choca sin embargo el que no exista ningún movimiento para la reflexión sobre el futuro de la industria. Solo se oye y se lee sobre la promoción del llamado «pago por uso» para financiar carreteras, sin darse cuenta que su implantación implica necesariamente, por necesidad política, la retirada de otras cargas que ya gravan al sufrido usuario, de lo que nadie se atreve a comentar si no es en voz baja. Hay que recordar además que el pago por uso es en realidad un nuevo peaje, y como tal requeriría a su vez una financiación previa que tropezará con las dificultades actuales de cualquier otro sistema de promoción de infraestructuras.
 
Miremos a nuestro alrededor: Una industria afín a la de las carreteras es la del automóvil; conviene, por instructivo, repasar lo que está cambiando en los últimos años. Cabe referirse lógicamente a la transformación, lenta pero segura, del automóvil movido por combustible líquido al movido por electricidad, híbrido, gas, hidrógeno, etc.
 
Pero no es ésta la única transformación de envergadura que está en ciernes: en 2010, cuatro coches acondicionados por Google (!!) hicieron sin problemas el trayecto entre Parma y Shanghai sin conductor. Son unos 13000 Km. Se trató de vehículos que se guían por sí mismos, sin intervención humana alguna. Según parece, una persona viajaba en cada vehículo solo para solucionar los casos de emergencia que pudiesen surgir.
 
Pero es que además, hace pocas fechas Nissan ha anunciado para el año 2015 la puesta a la venta para el gran público de una versión sin conductor de su modelo Leaf. La transformación parece imparable.
 
Se trata de una revolución que afectará obviamente a la industria de los seguros de automóviles, a la industria siderúrgica (si los coches se conducen solos, tras el período de pruebas el vehículo necesitará menos protección externa contra accidentes y por tanto menos acero en su fabricación), a la industria del transporte, a la del petróleo, etc.
 
La pregunta que uno se puede hacer a la vista de todo ello es si hay alguien que esté calibrando desde ahora mismo el impacto que ésto tendrá en la industria de las carreteras. Mucho me temo que la respuesta es «nadie». No parece haber institución pública ni privada que dedique materia gris ni dinero a pensar en este muy probable futuro. O, podría ser, que la investigación se lleve en régimen de máxima reserva, como por desgracia tantas veces ocurre en nuestro país.
 
Estamos ya viendo pequeños cambios en los automóviles, como por ejemplo los dispositivos de aviso de cambio accidental de carril (que lógicamente deberían influir en la señalización horizontal, cualitativa y cuantitativamente), los programadores variables de la velocidad de crucero (ídem con el contenido de los contratos de conservación), giros con las cuatro ruedas (ídem con el trazado de las vías), etc. Si estos pequeños cambios no se están analizando desde la construcción para conocer su influencia en la manera de trabajar, cuánto más no se debería investigar (o incluso solo reflexionar) sobre una revolución como la del vehículo sin conductor.
 
Parecen campos bastante más prometedores para el progreso de la industria de las carreteras que no buscar dinero suplementario para seguir haciendo lo que ya se hacía hasta ahora, y mucho menos pedir más dinero para lo mismo a las Administraciones, que además simplemente no lo tienen.